La celebración por los 200 años de la Declaración de la Independencia de 1816 resultó uno de los hechos de mayor trascendencia institucional de la década para Tucumán. Durante los meses previos y posteriores al 9 de julio de 2016, la provincia recibió a líderes políticos y religiosos, a referentes del arte y de la cultura y a representantes de la industria y de la producción de todo el país y del extranjero. Se trató de un hito que, al menos por un instante de la historia reciente, logró la unidad en la dirigencia tucumana.

Una postal de ese momento fue tomada en la Catedral, donde el entonces Arzobispo, Alfredo Zecca, dio el Tedeum. Con el gobernador Juan Manzur como anfitrión, el ex presidente Mauricio Macri visitó esta provincia, como principal invitado de esa jornada, en un encuentro que se produjo pocos meses después de que ambos arribaran al poder en sus respectivas jurisdicciones.

Tras ellos se encolumnaron los principales referentes del oficialismo local, como el vicegobernador Osvaldo Jaldo, y los ministros, legisladores y diputados justicialistas; y de la oposición, como el intendente Germán Alfaro, el diputado José Cano, la senadora Silvia Elías de Pérez y el ex intendente Domingo Amaya, entre otros. El ex titular de la Corte de la Nación, Ricardo Lorenzetti -hoy vocal-, y representantes de los Estados de la región presenciaron la misa.

La organización de eventos culturales, históricos y religiosos llevó a que en 2016 se diera un pico en los visitantes a esta provincia. La vigilia del 9 de julio, de hecho, será recordada porque había cuadras completas de argentinos esperando para celebrar, al son de las campanadas, los 200 años de la Independencia.

La única “re-re”

Alperovich, otra vez ganador en 2011

José Alperovich logró en 2011 lo que ningún otro jefe del Poder Ejecutivo había conseguido: ser reelecto por segunda vez consecutiva al frente del Gobierno provincial. No hubo otro gobernador con tres mandatos seguidos en Tucumán. En 2006, tres años después de haber llegado al sillón de Lucas Córdoba, quedó firme la reforma de la Constitución provincial, a cargo de la Convención Constituyente que presidió el entonces vicegobernador Juan Manzur. En el renovado texto se estableció el límite de una reelección para todos los cargos públicos sometidos a la voluntad ciudadana. En paralelo, se incluyó una cláusula transitoria, según la cual se consideró que el gobernador, el vicegobernador, legisladores, intendentes, concejales y comisionados rurales en ejercicio podían postularse en 2007, y el siguiente período de cuatro años sería considerado para ellos “el primero”, aunque fuera el segundo. Alperovich resultó reelecto, esta vez en fórmula con Manzur. Y pudo hacerlo por última vez en el período 2011-2015, es decir, dentro de la década que finaliza. El actual senador sumó 553.469 sufragios, y totalizó cerca del 70% de los votos. Hubo objeciones formales de la oposición, al punto que la Corte Suprema de Justicia de Tucumán tuvo que abocarse a revisar la cuestión. Finalmente, antes de los comicios de 2011, el máximo tribunal le dio la razón al oficialismo, y convalidó la cláusula transitoria para la “re-re” del mandatario provincial. “Habrá Alperovich por cuatro años más, nada más”, le dijo luego a LA GACETA, en alusión a que no buscaría un cuarto mandato consecutivo. En 2019, quien fuera jefe del peronismo tucumano buscó el regreso al Ejecutivo, fuera de la estructura partidaria, pero quedó muy lejos de la fórmula que él mismo había impulsado en 2015: Manzur-Osvaldo Jaldo.

Tensiones en 2015

La victoria de la fórmula Manzur-Jaldo

Entre denuncias de presunto fraude y un fallo en primera instancia que anuló el resultado de los comicios, la fórmula peronista Juan Manzur-Osvaldo Jaldo vivió una tensa llegada al poder en 2015. Por fin, la Corte de Tucumán primero y el máximo tribunal nacional después ratificaron la validez de su triunfo. Pero fueron días de alta tensión institucional y política para la Provincia. En cuanto a los votos, hubo una importante diferencia en favor de Manzur y Jaldo sobre la alianza opositora entre José Cano y Domingo Amaya: más del 51% de los sufragios fueron para el armado justicialista, mientras que el Acuerdo Cívico y Social llegó al 40%. Al margen de los conteos, Cano y Amaya concurrieron a la Justicia provincial para solicitar la nulidad de los comicios alegando que se habían concretado supuestas maniobras de fraude, como el acarreo de votantes, la entrega de bolsones y la manipulación de urnas (embarazadas, quemadas, etcétera). En septiembre, mientras el país se dividía entre la continuidad del peronismo (postulaba a Daniel Scioli) o la llegada de Cambiemos (con Mauricio Macri a la cabeza), la Sala I de la Cámara en lo Contencioso Administrativo, con las firmas de Ebe López Piossek y de Salvador Ruiz, dispuso la nulidad de los comicios y ordenó que se organizara una nueva elección. El oficialismo apeló la sentencia. Había riesgo de una severa crisis institucional, ya que en octubre debían asumir las nuevas autoridades provinciales y la provincia no contaba -ni cuenta- con una Ley de Acefalía. Antes de que terminara septiembre, la Corte Suprema de Tucumán dio por válidos los resultados del 25 de agosto. Así, un mes más tarde, Manzur y Jaldo pudieron jurar al frente del Gobierno provincial.

La ruptura de 2019

La dupla que derrotó a su antecesor

José Alperovich lo anticipó a través de LA GACETA nueve meses antes de los comicios de 2019: el tres veces gobernador de Tucumán avisó que buscaría regresar a la Casa de Gobierno, esta vez por fuera del Partido Justicialista, aunque ello significara enfrentarse a la fórmula que lo había sucedido en el poder: Juan Manzur y Osvaldo Jaldo. Aunque la relación en la tríada oficialista acarreaba tensiones desde 2015, fue a partir de los dichos del senador nacional que el binomio gobernante aunó sus fuerzas para encabezar el “post alperovichismo”. El senador, en línea con su anuncio, prescindió de la dirigencia tradicional, que lo había ayudado a mantenerse al frente del Poder Ejecutivo durante 12 años. Así, mientras Alperovich apostó sus fichas a su propio sello, conformando una lista única de candidatos -la mayoría, con escasa experiencia en cargos públicos-, Manzur y Jaldo se fortalecían con la herramienta de los “acoples”. El resultado fue contundente. La dupla gobernante obtuvo la reelección, con más del 50% de los votos. Alperovich quedó cuarto, detrás de Silvia Elías (UCR-Juntos por el Cambio) y Ricardo Bussi (Fuerza Republicana). Tras los comicios, el senador afirmó que apoyaría la gestión de Manzur y Jaldo, aunque mantiene su bloque en la Legislatura, Hacemos Tucumán.

El rol de la oposición

Escasa representación en las bancas

Si algo caracterizó en esta décadas a las gestiones de José Alperovich (hasta 2015) y de Juan Manzur (a partir de ese año, y hasta la actualidad) fue la amplia mayoría oficialista en las bancas legislativas, en los municipios y en las comunas. Tanto el ex mandatario como su sucesor contaron con los votos suficientes en la Legislatura provincial para avanzar con proyectos de trascendencia económica (presupuestos, subas tributarias, beneficios impositivos), con la designación de vocales de la Corte Suprema (además de las cabezas de los ministerios Fiscal y de la Defensa) y con modificaciones sobre el régimen político (como la eliminación de los partidos municipales y comunales y el rediseño de la Junta Electoral Provincial). Sí hubo un cambio en la década en quiénes encabezaron la primera minoría. Las alianzas tejidas desde la Unión Cívica Radical tuvieron un peso más significativo en una primera etapa. En 2015, luego de obtener 15 escaños, la bancada afín al Acuerdo para el Bicentenario (que estaba alineada a Cambiemos) llegó a la mesa de conducción de la Cámara a través del radical Ariel García (se sumaría más tarde al oficialismo). En 2019 fue el resurgir de Fuerza Republicana, de Ricardo Bussi, que se ubicó como primera minoría, con ocho escaños. La alianza entre radicales y peronistas, esta vez, quedó reducida a seis bancas.